Nuestros lectores habituales habrán leído la aterradora historia que compartimos hace poco aquí en DARK sobre el infame experimento ruso del sueño, una de las leyendas más extendidas en Internet. Mientras investigamos ese particular Creepypasta, descubrimos otro caso similar de lo que quizás no hayas oído hablar nunca. Se trata de unas pruebas “pioneras” conocidas como los “Experimentos del congelamiento de la sangre“, un proyecto de máximo secreto que se realizó en el Reino Unido hacia el final de la segunda guerra mundial; supuestamente aprobado por el Servicio Secreto británico.

Todo empezó en 1944 cuando, supuestamente el Servicio Secreto de Inteligencia británico (SIS) autorizó una serie de ensayos poco convencionales en un intento de dar con la fórmula química para hacer coagular “de forma espontánea” la sangre humana. Con el país en plenos tiempos de guerra, se esperaba usar el suero para crear un equipo de “supersoldados” para reducir la gran cantidad de muertes en el campo de batalla.

Se dice que aún existen los informes de laboratorio en la sede del MI5 en Londres, en las cuales se especifica que las pruebas consistían en inyectar a los pacientes con una mezcla de compuestos orgánicos y someterles a una serie de procedimientos para aumentar significativamente sus niveles de plasma sanguíneo (con el efecto secundario de sangre mal oxigenada), y para modificar la médula oblonga, cuyas funciones incluyen la transmisión de impulsos de la médula espinal al encéfalo y el control de las funciones cardiacas, respiratorias, gastrointestinales y vasoconstrictoras.

Tres varones entre las edades de 22 y 29 participaron como sujetos del estudio a cambio de una remuneración irresistible, o por lo menos, eso es lo que esperaban. Una vez inyectado el suero en su torrente sanguíneo, los pacientes tenían que pasar las primeras 24 horas tumbados en la cama sin nada de comer mientras los médicos monitorizaron muy de cerca sus constantes vitales.

Según los informes, en menos de una hora, los sujetos se quejaron de dolores intensos y experimentaron convulsiones violentas, aunque estas reacciones adversas se fueron mitigando poco después. Luego, durante el transcurso de los dos siguientes días, a los pacientes se les administró comida y bebida y medicamentos para el dolor, pero sólo cuando era absolutamente imprescindible.

Después del proceso de seguimiento de 72 horas, la próxima parada era la sala de pruebas, donde fueron atados con correas y profundamente sedados antes de ser sometidos a lo que sólo puede describirse como una sesión de tortura inimaginable, que consistía en cortar sus venas y arterias e incluso dispararles a quemarropa para ver qué sucedería a continuación. Y, por si fuera poco, se repitieron las mismas pruebas durante el cuarto día, pero esta vez sin sedación.

Y los informes respaldan los hechos de una manera impactante:

Cuando practicaron una incisión en el brazo de uno de los hombres con un bisturí, su sangre -que rezumaba como una sustancia negra, gruesa y gelatinosa- se coaguló tan rápidamente que los médicos eran incapaces de sacar el bisturí. En todos los casos pasó lo mismo con las heridas sellándose al instante.

En algún momento del cuarto día, los científicos empezaron a notar un cambio de ánimo entre los pacientes: parecían más retraídos a la hora de las pruebas y uno de ellos perdió la conciencia durante varias horas. Pero en vez de pensar que el hecho de haber recibido varios disparos a quemarropa podría haber tenido algo que ver con estos cambios, el equipo científico estaba convencido que todo se debía al cambio repentino de los niveles de pH de la sangre de los sujetos.

Poco después de llegar a esta conclusión “brillante”, los sujetos se tornaron cada vez más hostiles y agresivos, pero, aún así, los experimentos continuaron y dos días después los pacientes eran casi irreconocibles: su piel se había puesto azul y tan tiesa como el cuero.

Al llegar a tal punto, los científicos pensaron que la mejor solución sería ajustar la fórmula del suero antes de seguir con el proyecto, pero dadas las circunstancias de guerra, el Servicio Secreto los obligó a continuar, y nada les podía preparar para lo que ocurrió unos días después.

Otro efecto del suero parece haber sido un aumento de fuerza y los pacientes lograron liberarse de sus correas y se lanzaron encima de los médicos y guardias, mordiéndoles e incluso comiendo trozos de ellos. De inmediato notificaron a agentes del MI5 para acudir al lugar y “neutralizar” la situación, pero cuando llegaron, los tres pacientes no se encontraban por ninguna parte.

Según el informe final del equipo médico, sus conclusiones sugieren que la fórmula del suero puede haber desencadenado una reacción innata de agresión en la médula oblonga, junto con un aumento de fuerza física causada por la transformación de sus células sanguíneas. Pero los científicos eran incapaces de explicar la causa del repentino impulso de comer carne humana.

Hasta el día de hoy, nadie logró descubrir el paradero de los tres sujetos ni si realmente lograron escapar del centro de pruebas antes de la llegada de los agentes del MI5 para “limpiar” la escena del caos…

 

En próximas entradas seguiremos indagando en el inmenso y tenebroso mundo de las leyendas urbanas y las historias de terror basadas en hechos reales.

 ¿Conoces alguna? Cuéntanoslo en Facebook y le daremos cobertura en el blog.