Si estás leyendo esto, lo más seguro es que te guste ver a otras personas enfrentarse (o huir de) sus peores pesadillas en la pantalla desde una distancia segura en una sala de cine o tu salón de casa. ¿Pero qué ocurre cuando se trata de nuestros propios miedos? La vida real es muy distinta y uno de los mayores pasos para vencer nuestros miedos, específicamente nuestras ansiedades y fobias, es enfrentar los miedos de frente.

Esta técnica se conoce como la inundación o terapia implosiva. Se basa en el enfrentamiento directo del paciente con el estímulo o la situación que le provoca una respuesta de ansiedad, evitando que la persona pueda huir. Obviamente, es una técnica complicada que debe usarse con precaución y para que esta terapia no resulte traumática el primer paso suele consistir en entrenar al sujeto en técnicas de relajación, para que esté mejor capacitado para controlar su ansiedad cuando se encuentre cara a cara con el estímulo que le ha estado provocando tanto miedo.

La hipótesis es que es imposible que nuestra ansiedad pueda mantenerse indefinidamente en el tiempo y se comporta lo más parecido a una onda. En otras palabras, al enfrentarnos al estímulo temido, nuestra ansiedad subirá pero al tomar la decisión de enfrentar y aguantar el miedo y sus consecuencias los niveles de ansiedad irán descendiendo. De esta forma, una vez que el sujeto se da cuenta que la ansiedad en efecto desciende después de poco tiempo, el cuerpo aprende que no hay nada que temer y la cabeza, ya en un estado más calmado, resulta menos traicionera y se podrá recuperar el control de la situación.

La mayor ventaja de la terapia es que se puede lograr resultados sorprendentes mucho más rápidos que la desensibilización sistemática, pero como cualquier otra terapia o medicamento, también tiene sus desventajas y riesgos.

En situaciones normales, esta técnica es fácil de simular en un centro médico pero hay veces en las que el uso de esta terapia no es para nada factible, ya sea por motivos físicos (no puedes someter a una persona que sufre de Astrafobia a una tormenta eléctrica a tu voluntad), éticas (no puedes encerrar a un paciente que padece ofidiofobia en un cuarto lleno de serpientes) o médicas (no puedes mandar a un hipocondríaco que se ponga a limpiar los baños públicos sin guantes o a recoger jeringuillas usadas).

Si se llevara a cabo cualquiera de las técnicas indicadas en el párrafo anterior, el tratamiento tendría el efecto opuesto y podría hacer que el paciente tenga aún más miedo e incluso ha habido casos de pacientes que han sido hospitalizados como consecuencia de la ansiedad que han provocado ciertas técnicas de inundación.

Dadas las desventajas, varias compañías han desarrollado tratamientos que utilizan la realidad virtual para poder introducir al paciente en un contexto que provoque la ansiedad a través de un software en vez de tener que someter a los pacientes a exposiciones en vivo.

A pesar de los detractores, la inundación continúa desempeñando un papel muy importante en la terapia psicológica y hace poco el mentalista Derren Brown demostró su efectividad en una serie llamada TRICK OR TREAT.

En el siguiente video, vemos a Brown obligando a un conductor, con unos hábitos muy imprudentes, a presenciar su propia muerte en un intento de evocar una respuesta lo suficientemente fuerte como para garantizar que conduzca con mucho más cuidado y atención en el futuro.