Alguien podrá pensar que el cine mudo no nos dejó grandes cintas de terror. Pero sí lo hizo y la verdad es que es fascinante acudir al cine mudo cuando se buscan referentes del género de terror ya que este arte era nuevo, casi experimental y creó la escenografía, el estilo, la ambientación, la médula espinal de todas las cintas que vinieron después.
El silencio necesitó de las sombras, de la crudeza incisiva de las imágenes para crear en el espectador ese sentimiento de asfixia, de miedo, de angustia… de terror.

Como hoy se celebra el «Día del silencio» (12 septiembre), para que los aficionados puedan comprobar cuáles son los muchos referentes del horror contemporáneo, hemos confeccionado una lista de películas mudas que demuestran que algunas de las experiencias más aterradoras en una sala de cine llegaron en forma silenciosa.

L’INFERNO (1911)
Seguimos con una cinta italiana dirigida por Giuseppe de Liguoro, Adolfo Padovan y Francesco Bertolini. Aunque la película está basada en el infierno descrito por Dante, quizá sería más apropiado decir que está basada en los magníficos grabados que Gustave Doré hizo entre 1861 y 1868 para una edición de «La divina comedia». El resultado es surrealista y fascinantemente grotesco.

SUSPENSE (1913)
Este cortometraje de apenas 10 minutos, co-dirigido por Lois Weber y Phillips Smalley es muy desconocido pero fue pionero por varios motivos: Por sus planos experimentales, como por ejemplo la pantalla partida en tres y por mostrar una situación terrorífica que después se mostrará en cintas de terror hacia la saciedad – la mujer que se queda sola en casa y es amenazada por alguien que logra colarse dentro. Es cierto que la intención de la cinta se aleja del terror como lo conocemos ahora, pero es más aproximada al género que muchas de las así consideradas con posterioridad.

EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI (1920)
Dirigida por Robert Wiene y escrita por Hans Janowitz y Carl Mayer e ambientada con las creaciones de tres artistas alemanes, que realizaron todos sus decorados, es una de las propuestas más inmersivas de la lista.

Inspirada por varias experiencias de los guionistas durante la Primera Guerra Mundial – Janowitz sirvió como un oficial pero la experiencia despertó un conflicto interior sobre la fiabilidad del ejército mientras Mayer fingió demencia para evitar el servicio militar lo que le llevó a ser sometido a una gran cantidad de examinaciones por parte de un psiquiatra militar – la película cuenta la historia de un loco hipnotista (Werner Krauss) que usa a un sonámbulo (Conrad Veidt) para cometer asesinatos.

Tuvo una gran influencia en el cine estadounidese, sobre todo en los géneros de terror y cine negro, introduciendo técnicas como el giro argumental y ‘el narrador no fiable’ al lenguaje de la narrativa cinematográfica; técnicas que siguen siendo empleadas en abundancia hoy en día. Así que ya ves que M. Night Shyamalan y Christopher Nolan no eran los pioneros de los giros finales inesperados.

HÄXAN: LA BRUJERÍA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS (1922)
Para muchos esta película dirigida y escrita por el danés Benjamin Christensen está considerada como el «precursor mudo» del fenómeno del Found Footage. Christensen se documentó meticulosamente para esta cinta que examina la superstición y plantea el argumento académico de que gran parte de la histeria relacionada con la caza de brujas se puede atribuir a la enfermedad mental. Basada en parte en el Malleus Maleficarum, un manual alemán para inquisidores del siglo XV, Christensen mezcla el documental y la ficción dramática para descubrir la relación de los hombres de la Edad Media (su actitud y la proliferación de brujos y brujas) con algunas situaciones actuales. Un repaso al mundo del ocultismo, la magia negra y la brujería, a través de varios siglos, para dibujar un panorama fascinante y estremecedor, si bien puede ser una obra de cine académica, ningún fan del cine de terror debería dejar pasar una oportunidad de ver esta obra maestra del cine mudo.

GARRAS HUMANAS (1927)
Tod Browning, que sería uno de los directores de cine de terror más importante en los años 30, realiza con GARRAS HUMANAS una de sus mejores películas. Se trata de un cuento muy cruel, una historia de amor y dolor terrible en un ambiente circense donde se esconde Alonzo (Lon Chaney), fugitivo de la policía, bajo la apariencia de un lanzador de cuchillos manco. Tiene un fiel amigo, un enano llamado Cojo (John George) y está enamorado de la hermosa Nanon (Joan Crawford), hija del propietario del circo, a la que también pretende Malabar el forzudo (Norman Kerry). Como siempre, el punto inquietante lo pone “el hombre de las mil caras” Lon Chaney.