Las leyendas del vampirismo no nacieron con Bram Stoker, pero no cabe duda que fue el escritor irlandés quien las puso en el mapa con su novela mítica, Drácula, en 1897 y que, desde entonces, no ha dejado de publicarse, siendo traducida a 50 idiomas diferentes y vendiendo más de 12 millones de copias, dando lugar a un sinfín de ficciones sobre chupa sangres que viven en las sombras.

El autor de Drácula nació el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, Irlanda, pero sufrió una enfermedad que no le permitía andar, por lo que tuvo que pasar sus primeros años en la cama. Para hacer más ligeros sus días, su madre le entretenía contándole historias sobre fantasmas y el fantástico, algo que le marcarían el resto de su vida. Afortunadamente, a los siete años se recuperó de sus enfermedades e ingresó en el Trinity College, donde conocería a su gran amigo, Oscar Wilde.

Con motivo del aniversario de su nacimiento, hemos querido hacer un repaso por algunas curiosidades sobre uno de los escritores más singulares del siglo XIX.

Durante su vida profesional, no solo se dedicó a la literatura sino que también como crítico de arte y de teatro, así como de abogado.

A los 31 años, Stoker se casó con Florence Balcombe, una joven de tan solo 19 años que había sido novia de uno de sus mejores amigos, Oscar Wilde. Tras el fallecimiento de su marido, ella hizo todo lo posible para conseguir destrozar todas las copias de la película Nosferatu (1922) ya que no era una adaptación autorizada de Drácula ni había recibido ningún pago como derechos de autor.

Stoker es muy querido por sus obras de ficción sobrenatural, pero más de la mitad de sus obras de ficción eran romances victorianos. También fue el autor del libro de no ficción, «Famosos Impostores», que expuso engaños como la brujería y la magia.

Ya más mayor, durante la última década del siglo XIX, cuando trabajaba con Henry Irving, Bram Stoker empezó a escribir novelas, entre las que destaca Drácula: su obra maestra con la que adquirió gran fama. Para acometer la escritura de su novela más significativa, calificada por Wilde como “la novela más hermosa jamás escrita”, Bram Stoker llevó a cabo un arduo estudio. Hasta contrató al experto húngaro Arminius Vambery para conocer a fondo la vida del personaje real en el que se inspiró para crear Drácula: el príncipe Vlad Tepes de Valaquia, también conocido como el Empalador.

Curiosamente, en un principio, el autor quería llamar al protagonista de su libro el Conde Vampyr. Sin embargo, Vambery le sugirió que se llamara Drácula, ya que le explicaba como ese término significa “hijo del demonio” y que ese era otro de los apodos con los que se llamaba al príncipe Vlad Tepes.

Dicho esto, han ido surgiendo un sinfín de teorías que sustentan que Stoker creó su personaje simplemente desarrollando su imaginación, usando sus conocimientos de las leyendas del folklore rumano y plasmando ciertos conflictos personales, lo que han definido como “demonios personales sobre su sexualidad”.

Finalmente, Bram Stoker murió en 1912, con 64 años, pobre y a causa de la sífilis, misma que contrajo en un prostíbulo de París al que acudió con su compañero profesional, Henry Irving.