Sabemos de sobra que la crueldad del hombre no tiene límites. Las noticias siempre nos están informando de cosas de mentes realmente enfermas. Pero jamás habíamos visto algo parecido al caso que os vamos a contar hoy. Parece ser que anda suelto un asesino en serie de conejos domésticos que ha sembrado el pánico en un pequeño pueblo bretón de Minihy-Tréguier, sobre todo entre los locales jubilados.

A raíz de los hechos tan sanguinarios como inquietantes, La Gendarmería ha abierto una investigación para localizar a un individuo que ha cometido «una serie de actos crueles contra los conejos domésticos». Aproximadamente 100 conejos, que pertenecían a una decena de dueños, han sido asesinados en el pequeño pueblo y sus alrededores. El agresor secuestra y apalea salvajemente a los animales dentro de los domicilios antes de dejar, sin piedad sus cuerpos en las puertas de las casas los dueños.

Según unas declaraciones del alcalde del pueblo, Jean-Yves Fenvarch, «Es un acto odioso y lamentable que está creando una verdadera psicosis. Estamos todos con miedo de encontrar el individuo en casa y no sabemos si va armado… Debe conocer bien la zona, porque a veces ha actuado a la luz del día, esperando escondido a que los propietarios salieran de casa».

Aún peor, el misterioso asesino siente predilección por las personas mayores. Una de sus víctimas ha sido el matrimonio Eugène y Marie-Françoise, de 80 y 77 años respectivamente y su casa es donde el asesino ha actuado más veces. «Ya es la cuarta vez, esto ya es una pesadilla. El otro día nos fuimos de casa sobre las 9 de la mañana. Antes de irnos les dimos de comer a los conejos y volvimos sobre las 11. Fue entonces cuando nos los encontramos a todos muertos. Ya no nos queda ni uno». El matrimonio hasta sospecha que el autor tiene varios cómplices porque es imposible hacer lo que hace sin la ayuda de alguien más.

La pregunta del millón es, ¿qué puede llevar a alguien a cometer estos crímenes? Según la policía local, el sospechoso emplea métodos realmente brutales antes de asestar sus golpes definitivos a los pobres animales. «Los pisotea y los sacude para, finalmente, abandonar sus restos en las puertas de las casas». Estiman que el agresor ha actuado hasta en 15 ocasiones y han desplegado un dispositivo especial para intentar capturarle. Uno de los pocos indicios que tiene es que «ha sido visto de manera furtiva en un jardín residencial con un impermeable y un sombrero, antes de darse a la fuga». La persona que lo vio y que casi se convierte en la heroína del lugar es Sylvie Corlouer, que también cría conejos en el cercano pueblo de Langoat. Corlouer estuvo a punto de desenmascarar al individuo: «Lo pillé hacia las nueve y media de la mañana, pero tuvo tiempo de escaparse». Ella también figura en la lista negra del carnicero. Se dio cuenta en verano cuando un conejo tras otro, hasta seis, iban desapareciendo, incluidas dos hembras cuyas crías, en ausencia de las madres, también acabaron muriéndose.

El campo de actuación del asesino sigue en expansión ya que ha habido casos similares en varios municipios limítrofes: Langoat, La Roche-Derrien y Coatreven. Tan sorprendente ha sido el caso que el alcalde de La Roche-Derrien, Jean-Louis Even, pensó que se trataba de una broma cuando recibió la alerta de la policía. Pero, al darse cuenta que realmente estaban ocurriendo las susodichas crueldades, alertó a sus conciudadanos sobre la situación realmente alarmante. Hablando con el periódico «Ouest-France», Even declaró, «La verdad es que no puedo entender cómo uno puede ir así contra los conejos».