En el mundo entero, para millones de personas, los acontecimientos más traumáticos de sus vidas son incesantes.

El TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) es un recuerdo constante que se convierte cada día en un campo de minas potencial, con flashbacks y desencadenantes escondidos a la vuelta de cada esquina. El Mes de la Concienciación del Trastorno de Estrés Postraumático se celebra cada mes de junio y está dedicado a sensibilizarnos sobre esta lucha permanente y las personas a las que afecta, y sobre cómo cada uno de nosotros podemos contribuir a hacer que sus vidas sean un poco más llevaderas.

La mejor manera de participar es tomarse el tiempo para entender las experiencias y las realidades del día a día de aquellos que te rodean y que pueden ser víctimas del TEPT. No debería sorprendernos que el cine de terror sea un medio apropiado para retratar el TEPT de una manera fidedigna. El género, aunque muchas veces incomprendido, aborda el lado oscuro y las dificultades de la humanidad habitualmente y los siguientes cintas son unos ejemplos claros de como son las pesadillas que tantas personas sufren a diario.

HEREDITARY y MIDSOMMAR (Ari Aster)

Los retratos de Aster sobre el dolor y la pérdida tanto en HEREDITARY como en MIDSOMMAR tienen un realismo impactante. Ambas películas presentan personajes que luchan contra la depresión y la enfermedad mental, mientras que también abordan el trastorno de estrés postraumático. Lo que resulta tan admirable en sus presentaciones es lo intransigentes que son al mostrar las causas del trastorno. En ambos casos, la pérdida de un ser querido, ya sea por causar una pérdida accidental, sufriendo la pérdida de un hijo, o sobreviviendo a un intento de suicidio. Aster nos presenta la causa y el efecto, permitiéndonos ver lo que le sucede a una persona y a una familia cuando ocurre algo tan trágico. El impacto es muy extenso, afectando a mucho más que a una sola persona, lo cual es un aspecto del trauma y el TEPT que a menudo se malinterpreta

NOSOTROS (Jordan Peele)

La historia que toma lugar hoy en día en la película sigue a la familia Wilson – los padres Adelaide y Gabe, la hija Zora, y el hijo Jason – que viajan a Santa Cruz para pasar las vacaciones de verano pero acaban luchando por sus vidas contra «Los Atados», los clones terroríficos de ellos mismos. Pero también se centra en un momento del pasado, cuando la joven Adelaide se separa de sus padres en el paseo marítimo de la playa de Santa Cruz. De niña, Adelaide conoce una versión oscura de ella misma, y cuando regresa con sus padres, se queda muda y traumatizada. Ya no es la misma de antes.

A lo largo de la película, Adelaide también prefiere no pensar en los traumas de su pasado. Pero durante este viaje familiar, las traumas la persiguen, primero en sentido metafórico, a través de las casualidades y su miedo de regresar a cierta playa de Santa Cruz, y después, literalmente, cuando es acechada por la versión oscura de ella misma que conoció cuando era niña.

Es imposible para ella olvidar lo que pasó, y esto es propio de un trauma. Un momento traumático a menudo se queda grabado en la memoria, porque afecta a la respuesta de tu cerebro ante el estrés en formas que no puedes controlar fácilmente.

LA ESCALERA DE JACOB (Adrian Lyne)

LA ESCALERA DE JACOB significó un cambio de dirección inesperado para Adrian Lyne, conocido por sus cintas subidas de tono sexual como ATRACCIÓN FATAL y NUEVE SEMANAS Y MEDIA.

Esta película conmovedora y a veces aterradora está protagonizada por Tim Robbins en el papel de Jacob Singer, un veterano de la guerra de Vietnam que sufre un grave caso de estrés postraumático, no sólo por haber participado en la guerra, sino también por haber perdido a su hijo, Gabe, en un accidente de tráfico, lo que le ha llevado a separarse de su mujer. Esta historia se retuerce y gira cuando Jacob se entera de que los oficiales militares le dieron una droga llamada «La Escalera» sin su conocimiento.

Jacob experimenta alucinaciones terribles y se pregunta si estuvo realmente en la guerra o sólo en un centro de investigación de drogas en Tailandia. Si bien la película es más bien bíblica en muchos sentidos, su narración no lineal y la línea borrosa entre la realidad y la ficción deja claro que Lyne estaba muy centrado en profundizar en la forma en que Jacob vive con su dolor, en cómo lo experimenta no sólo en su mente, sino también en su cuerpo. No es de extrañar entonces que, a pesar de no haber sido bien recibida en la taquilla, la película pasó a ser considerada como una de las cintas más aterradoras, deprimentes y emocionantes de la década de 1990.