Un 20 de junio de 1975, hace 44 años, el primer blockbuster veraniego, Tiburón llegó a las salas de cines. Y, tras la irrupción del escualo de Steven Spielberg, ni la taquilla de verano ni los baños a la orilla de la playa serían lo mismo.

Basada en la novela de Peter Benchley, protagonizada por Roy Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss, Lorraine Gary, Murray Hamilton, Carl Gottlieb y Jeffrey C. Kramer, la cinta se convirtió en todo un mordisco para la historia, si bien su rodaje fue un caos y su producción estuvo llena de vicisitudes.

Han pasado más de cuatro décadas pero todavía hay muchos datos que desconocemos de la mítica película. Estos son algunas curiosidades que quizás desconocías:

– Fue inspirada en un hecho real. En 1964 Peter Benchley leyó una noticia sobre un pescador había capturado un tiburón blanco de dos toneladas en la costa de Long Island pero tardó diez años en escribir su novela sobre el tema. ¿Porque tanto tiempo? Se le ocurrió el argumento durante un momento de depresión, sentado frente a la playa, y eso que a su mujer nunca le gustó la idea y le propuso que cambiara de historia.

– Curiosamente, parece ser que a Spielberg no le gustó la novela. El director no ha tenido reparos en admitir que no le gustó la historia de Benchley. Llegó a decir que se identificó con el tiburón en vez de con las víctimas. A pesar de eso, fue a ver a los productores y en una cena con ellos les dijo que quería hacerla y que quería que fuera una película única.

– Dicho esto, pese al interés de Spielberg en rodar la película, el primer director en el que pensaron los productores fue John Sturges (LA GRAN EVASIÓN, LOS SIETE MAGNIFICOS).

– Es bien sabido que el guión era uno de los aspectos más débiles del proyecto. La idea estaba bien, pero el argumento no acababa de funcionar, sobre todo porque los personajes no eran creíbles. Los productores contrataron al dramaturgo Howard Sackler, autor de La gran esperanza blanca, quien pidió no constar en los créditos. Parece ser que le daba vergüenza. Sackler solucionó gran parte de los problemas narrativos, pero no fue ni mucho menos el único que participó. Posteriormente se sumó el cómico Carl Gottlieb. Spielberg le conocía y confiaba en el criterio de su amigo. Quería su vis humorística, algo de alegría para la película. Le mandó el guión con una indicación: «Destrípalo». Gottlieb le respondió con tres páginas de recomendaciones para hacer la película menos tétrica. A Spielberg le encantaron sus sugerencias y le pidió que se sumara como actor, que eligiera un papel. Cuando Benchley le conoció dijo de él que era una bendición.

– Ante tantos problemas y retos, el proyecto fue una carrera contrarreloj. A diez días de iniciar el rodaje faltaban los actores de los personajes principales Quint y Hopper. Para el papel de Quint se había pensado en Lee Marvin, pero estaba de vacaciones. Sterling Hayden no pudo por un problema de impuestos. Al final, los productores acudieron a Robert Shaw, idea que encantó tanto a Gottlieb como a Spielberg. Luego, para Hooper Spielberg pensó en su amigo Richard Dreyfuss, pero éste, previendo los problemas del rodaje, dijo que no al principio. Por, por suerte, tras ver las pruebas de su siguiente película, convencido de que iba a ser un fracaso, Dreyffus llamó a Spielberg diciéndole que había cambiado de opinión.

– A Scheider, uno de los pocos contratados con tiempo, Spielberg le encontró en una fiesta. Pero, ¿sabías que le quitó el papel al mismísimo Charlton Heston? Spielberg había rechazado a Heston porque pensaba que era «demasiado bueno» para el papel.

– Sin lugar a dudas, uno de los grandes hallazgos de la cinta es la banda sonora de John Williams, amigo de Spielberg. Ocupa el sexto lugar en el listado de mejores bandas sonoras realizado por el American Film Institute. Curiosamente, Spielberg cuando la oyó por primera vez al piano pensó que era una broma.

– Obsesionados con los escualos, los productores intentaron encontrar un domador que pudiera manejar a tiburones reales para el rodaje. Tras las primeras carcajadas de biólogos e ictiólogos, se dieron cuenta de su ignorancia sobre el tema. A falta de domadores, para las secuencias con tiburones reales se acudió a los australianos Ron y Valerie Taylor, considerados los máximos especialistas en tiburones del mundo audiovisual. Estos rodaron las escenas de Hooper en la jaula con un actor pequeño en una jaula más pequeña. Estas tomas reales de Ron y Valerie Taylor también sirvieron para reescribir el guión. En concreto, la escena del ataque del tiburón a la jaula vacía fue un ataque real que se produjo antes de que se introdujera el actor. A Spielberg le encantó pero en el guión Hooper estaba dentro de la jaula y era devorado. Se cambió el guión y se dejó que Hooper salvara la vida, lo que permitió una de las más hermosas secuencias finales de Spielberg…..

– El estrés tumbó a Spielberg. Al poco de concluir el rodaje, Spielberg hizo escala en Boston antes de ir a Los Ángeles. En el hotel sufrió un ataque de estrés y se quedó postrado en la cama. En el libro «Moteros tranquilos, toros salvajes», de Peter Biskind, Spielberg relata su desazón. «Creí que me volvía loco… Tumbado en la cama de la habitación del hotel, solo, sudando, con palpitaciones. No podía salir de la habitación. Si me hubiese levantado de la cama, me habría desmayado”.